Nací en La Rioja y, de alguna manera, creo que mi relación con la tierra empezó ahí, mucho antes de dedicarme al barro.
Me gusta trabajar con las manos, experimentar, equivocarme y volver a empezar.
La cerámica, para mí, es un espacio de calma y de juego: un sitio donde puedo mezclar formas, texturas, colores y materiales sin demasiadas reglas, dejando que el material también tenga algo que decir.
Mis piezas suelen ser sencillas, me interesa que transmitan cercanía y que quien las vea o las use sienta un poquito de ese proceso lento y cuidado que hay detrás.
Sigo aprendiendo todo el tiempo, probando cosas nuevas y dejando que cada pieza me sorprenda un poco.
Así es como más disfruto de mi trabajo.